Un día como hoy, pero de 1952 a las 20:25 hs., María Eva Duarte de Perón, más conocida popularmente como Evita, y luego de sufrir y padecer los devenires de un cáncer de útero que la estaba consumiendo, muere dejando al pueblo argentino sin consuelo y se lleva consigo el eterno amor y la pasión con que día a día atendía y recibía a cientos de ciudadanos que acudían a ella por una simple palabra de aliento o solicitándole alguna necesidad existente. (Sara Viviana Bernardi) Evita y el camino a la inmortalidad
A pocos días de las elecciones presidenciales, Evita fue operada en el Policlínico Presidente Perón de Avellaneda y los médicos dijeron que había que esperar seis meses para saber si la paciente sobreviviría, recomendándole descanso.Perón, según sus propias palabras, trataba de cuidarla pero sin éxito: “En una oportunidad en que la reprendí muy severamente, me respondió: “Sé que estoy muy enferma y sé también que no me salvaré, pero pienso que hay cosas más importantes que mi propia vida y si no las realizase, me parecería no dar cumplimiento a mi destino”.El 4 de junio de 1952, el general Perón asumió la Presidencia por segunda vez y Evita, en su afán por presentarse parada ante su pueblo, pidió que la ataran a un soporte, disimulado bajo su tapado, por que sabía que no podía soportar el trayecto de pie. Al final del día, agotada pero feliz, comentaba ilusionada:“¡Qué lindo es el pueblo! Creo que voy a tener que volver a la Secretaría. Al principio atenderé tres horas por día…Sí, tengo que volver…”.El sábado 26 de julio hacía frío y llovía cuando se informó por la cadena de radiodifusión:“Cumple la Subsecretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación el penosísimo deber de informar al pueblo de la República que a las 20.25 horas ha fallecido la señora Eva Perón, Jefa espiritual de la Nación. Los restos de la señora Eva Perón serán conducidos mañana al Ministerio de Trabajo y Previsión en donde se instalará la capilla ardiente.” Una muchedumbre desconsolada comenzó a acercarse para despedirla. Se formaban en colas que llegaban a cubrir 35 cuadras, con paraguas, silenciosos, los que tanto habían rezado por su salud, madres con sus hijos, ancianos, curtidos trabajadores, todos llorando, querían besarla por última vez.El cuerpo de Evita fue trasladado a la CGT y allí permaneció hasta diciembre de 1955 cuando un grupo comando, por orden del Presidente de facto, secuestró el cadáver del que no se supo nada por 16 años. El gobierno fusilador de Aramburu, no conforme con arrastrar su cuerpo por el mundo, lo enterró en el cementerio de Milán, Italia, bajo un nombre falso: María Maggi de Magistris. Creían que alejándola de su pueblo, sería olvidada. Nada más lejos de la realidad.


